Susana, 35 años, cocinera y limpiadora inmigrante (I).

Mis hijos no me hacen caso, no me ayudan. Yo todo el día trabajando, voy aquí, voy allá. Ellos no hacen nada en casa, todo yo. Cuando acabo allí, voy al restaurante a seguir cocinando y limpiando. Limpiar, limpiar... Mi vida es muy dura, siempre limpiando, estoy cansada.

Ahora mi hija no quiere comer nada de lo que hago; sólo a veces un poco de lentejas, o si hago pollo. Lo demás, nada. Las verduras, nada. Le dan dinero y se lo gasta en chucherías, es lo único que come. Estoy preocupada, porque tiene que crecer. Tiene diez años, el año que viene ya puede ser mujer, y necesita alimento, para cuando su cuerpo cambie.

El otro día vino llorando del cole, porque las compañeras llevan ropa nueva, tenis que le gustan, de esos brillantes. Estrenan cosas. Tienen a sus padres, a sus abuelos, a toda la familia que les compra y les regala cosas. Le dije: "No te puedo comprar esos tenis, tengo seis hijos, trabajo mucho y no puedo comprarte esos tenis". Pero ella va allí, ve a otros niños...

Comentarios

Entradas populares